Lunes 4ª semana cuaresma (Jn 4,43-54)
Un funcionario tenía un hijo enfermo y le pedía a Jesús que curase a su hijo. Jesús dijo: Si no veis prodigios, no creéis. Él insiste: Señor, baja antes de que muera mi niño. Jesús contesta: tu hijo vive. El hombre creyó y se fue. Sus criados vinieron a su encuentro diciéndole que su hijo vivía. Él les preguntó a qué hora había mejorado. Ayer a la hora séptima lo dejó la fiebre. El padre cayó en la cuenta de que esa era la hora en que Jesús le había dicho: tu hijo vive. Y creyó él con toda su familia.
Una vez más la fe realiza el milagro
La fe de un pagano arranca un milagro de Jesús. Parece un relato anodino, pero tiene dinamita. En un caso muy concreto se plantea el tema de los milagros que llevan a la fe, pero se realizan precisamente porque hay fe.
El evangelio muestra la ambivalencia de los milagros. Se narran como signos de la divinidad de Jesús y a la vez se nos quiere convencer de que no vino para eso.
En algunos pasajes se nos dice: y no pudo hacer ningún milagro porque les faltaba fe. Y en otras ocasiones dice: basta que tengas fe; o todo es posible al que tiene fe.
Todos los milagros que se nos cuentan en los evangelios, distribuidos en tres años, dejan bien claro que Jesús no estaba todos los días haciendo milagros.
La treintena que nos cuentan, casi siempre tienen un significado teológico que va más allá de un beneficio material. En Jn no se habla de milagros sino de signos.
Debemos salir de una interpretación del evangelio literal y a veces mágica que nos aleja del mensaje de Jesús. Todos los relatos son intentos de llevarnos a una visión espiritual de la vida y a poner todo en relación con Dios.
Fray Marcos
