Sábado 4º semana de pascua (Jn 14,7-14)
Si me conocierais a mí, conoceríais a mi Padre. Felipe le dice: muéstranos al Padre y nos basta. Hace tanto que estoy con vosotros, ¿y no me conoces? Quien me ve a mí ha visto al Padre. ¿Cómo dices tú: Muéstranos al Padre? ¿No crees que estoy en el Padre, y el Padre en mí? Lo que yo os digo no lo hablo por mi cuenta. El Padre hace las obras. Yo estoy en el Padre y el Padre en mí. Si no, creed a las obras. El que cree en mí, hará las obras que yo hago, y aún mayores, porque yo me voy al Padre.
Dios identificado con Jesús y con todos nosotros
Quien es capaz de ir más allá de las apariencias, y descubre al verdadero Jesús ve a Dios. Los discípulos no lo vieron porque se quedaron con la visión sensible.
Seguimos viendo en Jesús únicamente al enviado de Dios, pero no a Dios mismo. Seguimos sin creer que Dios está identificado con Jesús y cada uno de nosotros.
La queja de Jesús a Felipe podíamos extenderla a cada uno de nosotros. Veinte, cuarenta, ochenta años con Jesús y seguimos sin conocerlo. Es descorazonador.
Salgamos de la trampa. No son las obras espectaculares las que van a demostrar la presencia de Dios en Jesús ni en ningún otro sino la entrega por amor desinteresado.
Las obras de amor, que realizó Jesús, tenemos que hacerlas también nosotros. Él ya no puede hacerlas porque se ha ido de este mundo y terminó su capacidad de manifestar amor. Nosotros debemos ocupar su lugar.
Cada uno de sus seguidores tiene que seguir liberando al hombre saliendo del egoísmo y ayudando a los demás a salir de su propio egoísmo. Esta es la obra más importante de todo ser humano y nunca terminará.
Fray Marcos
