Sábado de la 12ª semana (Mt 8,5-17)
Un centurión le rogaba: tengo un criado que sufre mucho. Jesús le dijo: voy a curarlo. Él replicó: no soy quién para que entres bajo mi techo. Basta que lo digas de palabra, y mi criado quedará sano. Jesús quedó admirado y dijo: os aseguro que en Israel no he encontrado tanta fe. Que se cumpla lo que has creído. Y en aquel momento se puso bueno el criado. Al llegar a casa de Pedro, encontró a la suegra en cama con fiebre; la cogió de la mano, y se le pasó la fiebre…
Jesús libera de todo lo que impide ser
Los paganos también son dignos de la liberación. La fe del centurión causa sorpresa en Jesús, pero también es el requisito indispensable para que se realice el milagro.
El que se produzca la curación solo por la palabra es signo de que la acción liberadora no solo se producirá en adelante; ya se está produciendo, por el mensaje.
Que un centurión se preocupe por los sufrimientos de un criado dice mucho de su relación con él. Esos sentimientos hacia un subordinado son signo de una calidad humana que Jesús no encontró en los judíos.
Es curioso que nos hable con toda naturalidad de la suegra de Pedro. Nunca se habla de que los discípulos estuvieran casados, pero tampoco se dice lo contrario.
Que nos hayan dejado pensar que todos eran célibes y dedicados exclusivamente a seguir a Jesús es fruto de una ideología posterior que no tiene fundamento bíblico.
La fiebre que debilita a la persona, y le impide desarrollar una vida normal, es el símbolo de las fuerzas del mal que están siempre actuando en contra del hombre.
Recordemos que en los evangélicos, toda liberación, aunque sea anodina, es signo de verdadera salvación.
Fray Marcos
