Fe Adulta

28 junio

DOMINGO XIII TIEMPO ORDINARIO (B)

(Mc 5,21-43)

Un jefe de sinagoga le rogaba: mi niña está muriendo. Jesús se fue con él. Una mujer que padecía hemorragias le tocó el manto y notó que estaba curada. ¿Quién me ha tocado? La mujer, asustada, le confesó todo. Él dijo: tu fe te ha curado. Vete en paz. Llegaron de casa del jefe para decirle: tu hija ha muerto. Jesús le dijo: no temas; basta que tengas fe. Al llegar a la casa dijo: dejad a la niña; está dormida. La cogió de la mano y dijo: Talitha qumi (levántate). La niña se puso en pie y echó a andar.

Confía en lo que ya tienes, no necesitas nada

La niña y su padre son signo de los sometidos a la institución. La hemorroísa es signo de la marginación producida por una interpretación rigorista de la Ley.

En los dos casos han perdido toda esperanza de encontrar remedio en la institución y buscan la salvación en Jesús. Pero para dar ese paso, ambos tienen que desobedecer a la institución y transgredir la Ley.

En el caso de la mujer se trata de una transgresión explícita (era impura y no podía tocar a nadie ni ser tocada sin dejar impuro al que la tocara). La valentía de confiar en Jesús es la que produce el milagro.

Es de notar que en el caso de la hemorroísa el milagro se produce sin ninguna petición y sin que intervenga la voluntad de Jesús. El mismo Jesús toma conciencia de lo que ya pasó y dice a la mujer: tu fe te ha salvado.

En este relato podemos descubrir lo que los evangelios quieren decir cuando hablan de milagros. El milagro consiste en que alguien se libere de sus miedos, de sus complejos, de la opresión de una religión inhumana. Un ser humano que empieza a valorarse ya es él mismo.

 

 

Fray Marcos

 

 

Comparte FeAdulta Facebook