Tiempo pascual
La pascua es la cima del año litúrgico. En ella evocamos el triunfo absoluto de Jesús, que fue el triunfo de la Vida sobre la muerte. Sabemos que no se trató de un triunfo sobre la muerte física sino sobre la muerte espiritual.
La liturgia de este tiempo trata de hacernos ver que lo importante no es la vida biológica sino la Vida que, como pasa con la física, es imposible de definir pero podemos vivirla. Ante esa Vida, la muerte física pierde importancia.
Como no tenemos conceptos ni palabras para hablar de esa Vida, todos los textos utilizan la vida biológica como metáfora. El problema para nosotros está en confundir el símbolo con la realidad material de la vida física.
Esta perspectiva arroja una luz sobre los textos que leeremos. Los relatos no quisieron engañarnos. Era la única opción para trasmitir lo que habían vivido e invitarnos a vivir nosotros lo que ellos habían vivido.
Directa o indirectamente, toda la liturgia pascual nos invita a descubrir esa Vida que es la que Jesús manifestó después de su muerte y que es la misma Vida de Dios.
No conmemoramos acontecimientos que sucedieron hace dos milenios. Estamos viviendo lo que los seguidores de Jesús vivieron después de su muerte.
Esa Vida ya está en nosotros, pero apagada. Nuestra tarea es resucitarla y dejar que sea ella la que despliegue en nosotros lo humano y lo divino.
VIGILIA PASCUAL
(Mt 28,1-10)
El ángel dijo a las mujeres: No temáis, ya sé que buscáis al crucificado. No está aquí: ha resucitado. Venid a ver el sitio donde yacía e id a decir a sus discípulos: Ha resucitado y va delante de vosotros a Galilea. Allí lo veréis. Ellas se marcharon del sepulcro impresionadas y llenas de alegría corrieron a anunciarlo a los discípulos. Jesús les salió al encuentro y les dijo: Alegraos. Ellas se postraron y le abrazaron los pies. No temáis: decid a mis hermanos que vayan a Galilea; allí me verán.
La Vida ha triunfado sobre la muerte
Si no hago mía esa Vida, las celebraciones no significarán nada para mí. Para resucitar tenemos que morir. Jesús había resucitado antes de morir, haciendo suya esa Vida a la que no afecta la muerte biológica.
Los elementos centrales de esta vigilia son el fuego y el agua, que por ser imprescindibles para la vida, se convierten en los mejores símbolos de la verdadera Vida.
La Vida que hoy nos interesa es la espiritual. Por no tener en cuenta la diferencia entre la vida y la Vida nos hemos armado un lío en la celebración de la pascua.
Celebramos esta noche la manifestación en Jesús de esa Vida definitiva. Sin las trabas de lo biológico y lo psíquico, sus seguidores la descubrieron con claridad.
Podemos seguir hablando de resurrección pero teniendo en cuenta que no estamos hablando de una vuelta a la vida biológica sino de permanecer en la Vida definitiva.
Creer en la resurrección supone haber pasado de la muerte a la vida. Este paso se simboliza con el bautismo. Por eso recordamos nuestro bautismo esta noche.
DOMINGO DE RESURRECCIÓN
(Jn 20,1-9)
María Magdalena fue al sepulcro al amanecer y vio la losa quitada. Fue donde estaba Pedro y Juan, y les dijo: se han llevado al Señor y no sabemos dónde lo han puesto. Salieron Pedro y Juan camino del sepulcro. Juan se adelantó y llegó primero y, asomándose, vio las vendas, pero no entró. Llegó Pedro, entró en el sepulcro: Vio las vendas y el sudario, enrollado aparte. Entró Juan, vio y creyó. Pues hasta entonces no habían entendido la Escritura: que él había de resucitar de entre los muertos.
Magdalena descubre el gran acontecimiento
Jesús fue consciente de que había nacido a esa Vida y así lo manifestó con frecuencia (soy la resurrección y la Vida, yo vivo por el Padre, soy el agua viva), pero los que vivieron con él no se habían enterado de esa realidad.
Hagamos un esfuerzo por escapar del falso concepto de resurrección. La muerte biológica devuelve el cuerpo a la materia orgánica de un modo irreversible. Esto no debía preocuparnos, porque como dijo Jesús a Nicodemo, “el espíritu es el que da vida, la carne no sirve de nada”.
Jesús había conseguido durante su vida biológica, la plenitud de la Vida de Dios. La materialidad de su cuerpo, la vida biológica y la psicología, le permitieron llegar a ese objetivo de plenitud humana. Alcanzada la meta, el vehículo que utilizaste pierde importancia.
La celebración de la Pascua es una invitación personal a pasar aquí y ahora de la muerte a la Vida. Si al celebrar la resurrección de Jesús, no experimentamos nosotros una nueva Vida, es que no hemos pasado de un recuerdo puramente folclórico y externo.
Fray Marcos
