Fe Adulta

3 julio

Viernes de la 13ª semana (Mt 9,9-13)

Vio a Mateo, sentado al mostrador y le dijo: sígueme. Él lo siguió. Y, estando a la mesa en casa de Mateo, muchos publicanos y pecadores se sentaron con Jesús. Los fariseos preguntaron a los discípulos: ¿cómo es que vuestro maestro come con publicanos y pecadores? Jesús lo oyó y dijo: no tienen necesidad de médico los sanos, sino los enfermos. Andad, aprended lo que significa “misericordia quiero y no sacrificios”: que no he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores.

Jesús llama a un pecador a seguirle

Mateo, pecador público por colaborar con la potencia ocupante, excluido por los poderes religiosos, es invitado a formar parte de la nueva comunidad en torno a Jesús.

En el banquete del nuevo Reino tienen parte también los excluidos de Israel. Para participar en él no se exige condición alguna, salvo la fe. En él todo va ser nuevo.

Los fariseos no pueden aceptar este nuevo orden de cosas y se oponen frontalmente. Ni siquiera les interesa la Escritura cuando apunta en distinta dirección.

El amor y la misericordia están por encima del culto y el cumplimiento de los preceptos. Este fariseísmo fue lo que Jesús no pudo soportar por inhumano y cruel.

Los sanos aparentes son los dirigentes que se creen salvados por cumplir la Ley. No necesitan que nadie les cure porque se sienten seguros y en paz con Dios.

Los enfermos son los que sufren injusticia ante la indiferencia de los dirigentes religiosos, que solo se preocupan de su seguridad y del honor de Dios.

Este fariseísmo sigue presente entre nosotros cuando juzgamos a los demás porque no se amoldan a nuestros criterios ni hacen nada por obedecer nuestras normas.

 

 

Fray Marcos

 

 

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