Fe Adulta

Adviento, tiempo de esperanza comprometida

Adviento significa venida, advenimiento; es un tiempo de preparación espiritual para abrirnos a lo que significa la Navidad, más allá de los oropeles consumistas y de las liturgias vividas con poco fundamento. Entre nosotros son cuatro semanas, aunque en el caso de la iglesia ortodoxa llega hasta los 40 días. Por otra parte, es un tiempo litúrgico unido al adviento de los miles de refugiados que llegan aquí y que sus hermanos en el Señor, es decir nosotros, nos cuesta acogerles tal como Jesús lo haría.

¿Qué significa el nacimiento de Jesús para mí? ¿Qué importancia tiene en mi vida? El materialismo ha logrado una fiesta navideña que envuelve el Becerro de oro en celofán de colorines. Con tanto ruido consumista, el sentido navideño cristiano queda desdibujado y el Adviento reducido a un sinsentido… ¡para muchos cristianos! Es lo absurdo (absurdo viene de “sordo de oído”) de las conciencias adormecidas frente al contrapunto de las celebraciones de familias y comunidades cristianas que optan por vivir este tiempo de acogida desde la apertura al Misterio de la Navidad: un niño sin sitio en las posadas para nacer llega al mundo en una cueva para animales: Dios hecho uno de nosotros que viene por amor dando Vida a nuestra vida.

Este tiempo de esperanza teologal lo es también de acogida a su Mensaje a la luz de las vivencias que narran Lucas y Pablo (en Hechos y en las Cartas) de los primeros seguidores. Más adelante, las iglesias cristianas del siglo IV dieron forma litúrgica a este tiempo de espera en esperanza tan unido a la vida del día a día. Cada nuevo Aviento navideño es una invitación a renovarnos interiormente desde lo que significa el nacimiento de Jesús. Y también es un reto ante las contradicciones de nuestra fe contagiada del materialismo más pagano. Va más allá de una fiesta de cumpleaños.  Este tiempo es un todo: espera activa llena de amor comprometido en el día a día. En palabras de Ángelus Silesius, “Aunque Cristo nazca mil veces en Belén, mientras no nazca en tu corazón…”.

Este comienzo de Año cristiano lo significamos en la corona de Adviento y sus cuatro velas que simbólicamente vamos a ir encendiendo cada domingo como signo luminoso de lo que representan; es decir, los valores del camino a recorrer durante estas cuatro semanas: Esperanza, Paz, Alegría y Amor.

Por último, quiero destacar que el Adviento es una oportunidad preciosa para tomar conciencia de lo importante que es caminar juntos a la escucha entre diferentes, dejando a un lado los intereses personales que entorpecen el espíritu comunitario en nuestras Eucaristías. La sinodalidad incipiente exige trabajarnos por dentro mirando el presente y el futuro con esperanza, sabiendo que el Espíritu nos acompaña en el camino. Es por lo que el Adviento es un tiempo propicio para restablecer los vínculos rotos, para ser solidarios con los pobres cercanos que sufren soledad, enfermedad, desamor, excluidos varios, como la manera de ser testigos de la Buena Noticia, cada uno libre y responsablemente.

Por último, es tiempo de oración para mirar la realidad que nos rodea siguiendo la estela de aquel Niño Jesús: con bondad y siempre con esperanza. Espiritualidad de ojos abiertos. El mejor modelo a seguir lo tenemos en su madre, que por algo el Adviento es el tiempo de María por excelencia.

¡Feliz tiempo de Adviento!

 

Gabriel Mª Otalora

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