Fe Adulta

En el pozo de la dignidad liberada

COMENTARIO AL EVANGELIO Jn 4, 5-42

Este tercer domingo de Cuaresma nos da la oportunidad de ahondar en uno de los textos más profundos, teológicos y liberadores que podemos encontrar en los Evangelios. Se trata del pasaje del encuentro de Jesús con la mujer samaritana que recogen las comunidades joánicas con la intención de demostrar que el cristianismo, a finales del siglo I, ya está consolidado y es una religión que rompe fronteras humanas culturales y religiosas.

Este largo texto da la impresión de que es una carrera de obstáculos que va sorteando Jesús, liberando mentalidades fundamentalistas religiosas y patriarcales.

El primer obstáculo que parece sortear Jesús, con una clara intención liberadora, tiene que ver con la visión de la mujer, mezclada con la visión religiosa de los samaritanos.  Es importante destacar que los samaritanos estaban muy enfrentados con los judíos porque no habían aceptado el lugar de referencia religiosa en Jerusalén y sí en el monte Gerizim. Además, en su origen, este pueblo adoraba a otros dioses y los judíos no se lo habían perdonado por lo que seguían con este estigma. No eran puros para ellos.

Esta mujer está estigmatizada por dos razones: por ser mujer y por ser samaritana. El asunto de los cinco maridos puede tener una lectura más vinculada a esos dioses que, en su origen, adoraban los samaritanos. De hecho, la conversación de Jesús con ella es más teológica que centrada en su vida personal. Un gran dato liberador.

Jesús habla con esta mujer sin ningún prejuicio cultural o de género, a solas. Una mujer conversando con un varón en un pozo, según la tradición judía, era un signo nupcial. Allí se emparejaban para formar un núcleo familiar y continuar la estirpe israelita. Es la primera situación que libera Jesús. El encuentro con esta mujer está basado en una mirada a su integridad, su identidad, su dignidad. Rompe, de esta manera, con el papel del varón judío y reconoce en ella su derecho a la privacidad, intimidad, sin la necesidad de un varón que la custodie o que la desee para tener descendencia. Esta mujer establece un diálogo intelectual y teológico que ella misma conduce hacia la cuestión sobre dónde debe adorarse a Dios.

El segundo obstáculo está en el contenido de la conversación. Jesús va remitiendo a la mujer a descubrir la dimensión trascendente del ser humano donde no hay género, ni cultura, ni religión. En ese espacio interior está la Fuente que nos hace ser en cada momento y que nos va configurando como seres que viven en la abundancia por lo que fluye desde el interior y no por lo que nos llega del exterior. El centro religioso ya no es ni Jerusalén, ni Gerizim, el ser humano es el monte sagrado donde se revela nuestra verdadera naturaleza transida por la Divinidad. El Agua Viva forma parte de lo que somos y Jesús parece dejarlo nítido en este encuentro.

El tercer obstáculo parece centrarse en la religión en sí misma, en los roles y servicios que ejercen los diferentes miembros de la comunidad. Vemos que la mujer va a contar aquello que ha experimentado y se convierte en una predicadora que despierta en sus oyentes la experiencia del mensaje esencial cristiano; un mensaje que no es moral sino existencial.

El texto expresa con toda claridad que la mujer deja el cántaro. El cántaro representa su antigua situación doméstica subordinada. Al dejarlo, se convierte en sujeto de su propia historia en independencia y completa. Es una mujer con voz propia, antítesis de la mujer silenciada y sumisa, que hace teología desde sí misma, desde la experiencia y en comunión con Jesús, sin necesidad de validación de lo masculino. Dice el texto que muchos de los que vivían allí, en Samaria, creyeron por las palabras de la mujer, quien predica que ha encontrado el POZO verdadero y no hay que ir a ningún sitio para sacar el Agua de la Vida que no termina nunca.

Hay casualidades de la vida que suenan a ironía. Este evangelio corresponde al 3er domingo de cuaresma que coincide con el 8 de marzo. Si pasamos este Día Internacional de la Mujer por el filtro de la esencia del cristianismo, no podemos tener mejor ejemplo que este pasaje de la samaritana para visibilizar la necesidad de que la Iglesia dé pasos claros y contundentes con respecto a las mujeres. ¿De verdad que todavía pensamos que el rol y los diferentes servicios que se realizan en la comunidad son sagrados y divinos excluyendo a las mujeres? Según el texto de hoy,  lo único sagrado y divino es la dignidad, el valor que tenemos EN IGUALDAD, por ser hijos e hijas de Dios.

FELIZ DOMINGO

 

Rosario Ramos

8 de marzo de 2026

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