Fe Adulta

¿Estamos dispuestos/As a ser protagonistas de la navidad o seguiremos solo recordandola como espectadores?

Mt 1,18-24

El evangelio de este domingo, 21 de diciembre, es fundamentalmente un anuncio de la Navidad, mejor, de la encarnación y el nacimiento de Jesús.

Así dicho es muy posible que nos resulte tardío e innecesario. ¡Si llevamos dos meses escuchando anuncios de Navidad, viendo luces especiales, preparando regalos, cenas o comidas navideñas, e incluso comiendo roscón de Reyes! ¿Es que habrá alguien que no se haya enterado de que “estamos”  en Navidad? Y se me ocurre que la pregunta decisiva es quizá, ¿de qué Navidad estamos hablando? Y si nos respondemos sinceramente es posible que veamos que sí, que hace falta que alguien nos recuerde, ya en las vísperas, qué es lo que vamos a celebrar de verdad.

Mateo, como autor de un evangelio dirigido a los judíos, nos presenta un anuncio de la encarnación y nacimiento de Jesús distinto al de Lucas, seguramente más leído y recordado. De entrada nos puede sorprender:

– La centralidad de la figura de José, el varón israelita, justo y cumplidor. Ha tomado sus decisiones para proteger a María, pero es llevado por Dios a algo más alto e inesperado: ¡Poner nombre a este niño! En la cultura hebrea, poner nombre es aceptarlo como hijo, convertirse en su padre.

– El interés por vincular a este niño al pueblo de Israel, a la tribu de David y a la predicación de los profetas. Esto es lo que hace José, de la familia de David, que, obediente a la voluntad de Dios sobre él, le pone por nombre Emmanuel, “Dios con nosotros” o Jesús, “Dios salva” porque en él, se cumplirán las promesas del A.T.

Ambos relatos, el de Mateo que anuncia a José y el de Lucas que anuncia a María,  tienen un mensaje común e incluso las mismas imágenes y palabras:

– Dios irrumpe en la vida de María y de José por un medio que no controlan, la voz de un ángel o la voz escuchada en un sueño.

– A ambos lo primero que les dice es “no temas” o no tengas miedo. ¿Será que cuando Dios entra en nuestras vidas lo primero que hacemos es temer?

– Seguidamente les habla de sus planes, los planes de Dios, “concebirás y darás a luz”, “Tú le pondrás por nombre…” es decir les comunica que van a ser madre y padre, que van a tener un hijo, una nueva vida que viene directamente del Espíritu Santo

– Y los dos relatos se cierran con la aceptación- obediencia de sus protagonistas a este plan. “He aquí la esclava del Señor, hágase en mi” “José se despertó e hizo lo que le había dicho…”

Dos textos importantes de los evangelios que no solo nos hablan del origen de Jesús, de María y de José. Nos hablan también de ti y de mi, de cada persona, a la que Dios se dirige, a la que anuncia que Él la ha elegido para ser morada de su hijo, para hacerle presente en el mundo, para vincularle con su pueblo y su tiempo…  ¿Somos conscientes de haber escuchado “la voz de Dios” en nuestras vidas? ¿De qué modos o por medio de qué personas, situaciones, circunstancias? ¿Cuántas veces sentimos miedo ante lo que percibimos como “de Dios”, lo que creemos que estamos llamados/as a vivir que cambia nuestros planes anteriores? ¿Acaba nuestra experiencia con una aceptación de sus planes sobre nosotros  y un hacer lo que hemos descubierto?

Porque ser discípulo/a de Jesús no va de sabernos y recordar su historia, sino de hacerla vida hoy. Navidad no es solo recordar que Jesús nació en Belén hace más de 2000 años, como quien celebra algo pasado cuyo recuerdo es entrañable. Es vivir y celebrar, alegres y agradecidos, que nuestro Dios se ha hecho persona humana, uno de nosotros, hermano y hermana nuestro, y por tanto nos ha hecho hermanos y hermanas entre nosotros, ¡todos nosotros! Para siempre.

Por eso Navidad, no es solo recordar aquel momento de Belén, sino vivirlo y actualizarlo cada año, mejor, cada día. Y los seguidores y seguidoras de Jesús somos los que tenemos que hacerlo real. Por eso ojalá descubramos este domingo al leer el evangelio que si como María y José, por encima de los miedos que nos produce este plan de Dios de hacerse uno de nosotros, si a pesar de qué tantas veces nos preguntemos cómo, somos capaces de fiarnos, de aceptar, de hacer lo que Dios nos revela… seremos protagonistas de la Navidad. Haremos presente a Jesús en el mundo, aunque sea en medio del silencio, la pobreza y oscuridad. Y ayudaremos a que lo encuentren los pastores, gente sencilla y necesitada, o los magos, personas que van buscando, a veces tras falsas estrellas, e incluso gente que ni sabía que lo esperaba.  

Esto es Navidad, encontrarnos con la presencia cercana y cariñosa, respetuosa y eficaz, de Dios con nosotros como Emmanuel y como Jesús en todo lo que vivimos, en todo lo que sucede. Y a ser protagonistas de esta Navidad estamos llamados tú y yo. ¿Cómo respondemos?

Que este año el Señor te conceda vivir y anunciar una auténtica y FELIZ NAVIDAD

 

Guadalupe Labrador

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