Gracias, gracias, gracias. Infinitas gracias por haber sido tan cercano como para exponerte a la tentación y conocer en carne la debilidad del ser humano que no consigue levantar el vuelo hacia la libertad que, Tú, el Padre y el Espíritu, susurráis en el hondón del alma, mientras nuestros oídos se hacen los sordos y nuestros ojos bajan los párpados para no ver.
Sentiste hambre, después de cuarenta días y sus noches sin probar bocado. ¿Hambre de comida? «Está escrito: no sólo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios». Tú no estás hablando de bocadillos o lentejas… Tú estás hablando del alimento espiritual, que renueva y alegra el corazón; que ayuda en los malos momentos y en el caminar de cada día. Tu rotunda contestación fue, lo que hoy se suele llamar, un zasca (1). Sí, seguro que tenías hambre de buena comida, pero no del espectáculo malicioso que te proponía el tentador. Lo dejaste bien claro.
Siguió insistiendo: «El diablo le llevó a la capital santa (Jerusalén) y lo puso en el alero del templo (de David) y le dijo: «Si eres Hijo de Dios, tírate abajo…» Invocó el salmo 91y quedó a la espera. Con cinco palabras, «No tentarás al Señor, tu Dios», dejaste fuera de juego la tentación manipuladora y sibilina desde el poder religioso. Segundo zasca.
De nuevo se puso en marcha por si finalmente conseguía achantarte. Dice el texto: «Le llevó a un monte altísimo, y le mostró los reinos del mundo y su gloria. Todo esto te daré, si te postras y me adoras». El culmen, el «no va más». ¿Quién podrá resistir? Los reinos del mundo no eran muchos los conocidos en tu tiempo. Hoy, el planeta Tierra se está convirtiendo en propiedad privada de unos pocos que no son de fiar y no tienen derecho. Te imagino con un tono alto de voz, de forma imperativa: «Vete, Satanás, porque está escrito: «Al Señor, tu Dios adorarás y a él solo darás culto». Tercer y último zasca.
Thomas Keating (2) dice sobre las tentaciones de Jesús: «La respuesta de Jesús, no fue el diálogo, sino la firme confianza en la palabra de Dios, rechazando los programas de felicidad basados en la glorificación personal». Bien hecho.
Vuelvo a leer de nuevo el texto del evangelio (Mt 4, 1-11) y me invade una sensación triste. ¿Qué nos pasa a los humanos que ambicionamos cosas materiales que tienen fecha de caducidad? Nos olvidándonos de que venimos al mundo con fecha de punto final: la muerte. ¡Qué ilusos!
Otro monje cisterciense, Thomas Merton dijo: «La mayor tentación humana es conformarse con demasiado poco» (3). Conociendo a Merton está claro que no se refiere a bienes materiales y riquezas varias sino a la vida espiritual. Dirige la mirada al camino interior, a la vida espiritual. A crecer en el camino de la oración, la contemplación y la sencillez de vida. Y, efectivamente, nos conformamos con poco si nos quedamos anclados en la superficie.
Venimos al mundo con una semilla plantada en el hondón del alma. El Sembrador plantó su semilla divina y si la vida es sólo la superficial, corre el peligro de quedar sepultada por capas de miedo, olvido, pereza, apatía, conformándose con demasiado poco, como dice el monje. Creo que no le falta razón. Me atrevo a decir que es la radiografía de nuestro tiempo.
Aprovechemos el tiempo de Cuaresma que hoy iniciamos, para ir ordenando el mobiliario interior, con la certeza de que nos ayudará a vivir con la libertad que muestra Jesús ahuyentando tentaciones.
¡Échanos una mano, por favor, que somos débiles!
Mari Paz López Santos
FEADULTA, 22 febrero 2026
Domingo I de Cuaresma
(1) Zasca: respuesta cortante, chasco, escarmiento. (Diccionario de la RAE)
(2) Thomas Keating (1923-2018, abad y monje cisterciense (monasterio de Spencer, Massachuset) Conocido por el método de la Oración Centrante
(3) «Los hombres no son islas» (No Man Is an Island), Thomas Merton, 1955
