Fe Adulta

Son hijos de la resurrección

A veces encontramos en los evangelios expresiones extrañas. Conviene detenernos en ellas porque casi siempre contienen un mensaje interesante.

Una de ellas la hemos escuchado en el evangelio de hoy: en la vida futura vivirán en el amor los llamados HIJOS DE LA RESURRECCIÓN (anastaseôs huioi). ¿Qué es ser hijo/a de la resurrección? ¿A qué se refiere?

No puede ser algo relacionado con la creencia en la resurrección, con dogmas de la fe, porque aquí se habla de ser hijo/a, de algo que te hace familia de otro. Tendrá que ver, pues, con la certeza de que vivir en el amor te hace, de alguna forma, familiar con todo el que ama. Ser hijo de la resurrección es pertenecer a la familia de los que hacen de su vida un camino de entrega y de amor. Es algo que procede y se instala en el corazón más que en la cabeza.

Más en concreto, ser hijo/a de la resurrección lleva a una triple apuesta:

· Apostar siempre por el amor: por eso, los hijos/as de la resurrección se esfuerzan cada día por hacer y aprobar el curso de amor a la vida. Sin amar la vida, por humilde que sea, no se puede ser de la familia de la resurrección.

· Apostar por la buena relación: porque la buena relación es la prueba de todas nuestras vivencias espirituales. Si te relacionas bien puedes ser hijo e hija de la resurrección. Si no, imposible.

· Apostar la vida: y hacerlo cada día, cada mañana. Hacerlo cuando la vida se oscurece más: hacerlo ante el genocidio de Gaza, ante las guerras y catástrofes enconadas, hacerlo ante el cansancio que nos amenaza cada día. Elegir la vida parece ser requisito imprescindible para ser hijo/a de la resurrección.

Quienes queremos pertenecer a la familia de los hijos/as de la resurrección tendríamos que ser detectables por nuestra amabilidad, bondad y preocupación por el otro. Los valores grandes de la fe se resuelven en detalles cotidianos. No sirve de nada hablar de ser hijo de la resurrección si eso no tiene traducción en cosas tan sencillas y cotidianas como una palabra amable, un gesto de bondad, un pequeño compromiso social. Lo grande se resuelve en lo pequeño.

Los hijos/as de la resurrección traducen su fe en una cuestión de humanidad. Entienden que ser humano no es algo con lo que se nace, sino que la humanidad hay que construirla y que ese es el lenguaje de la resurrección. Cuanto más humanos, más resucitados. Darse a una vida con humanidad es abrir la puerta al misterio de ser hijos/as de la resurrección. En tu humanidad verás si vas siendo o no hijo e hija de la resurrección.

 

Fidel Aizpurúa Donazar

9 de noviembre de 2025

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